El RIEGO:
Bajábamos a la huerta siempre por el camino de la chorquilla, si no se llevaba el macho, atajábamos siguiendo la acequia (siempre iba buscando con la mirada algún pececillo, cangrejo, culebra o rata de agua) y cruzábamos a la huerta por una tabla puesta en la acequia para tal fin, justo detrás de la casilla de Angelito (Calilo). Tras dejar las alforjas del almuerzo había que regar a primera hora o mejor cuando bajara el sol, mi padre decía que no se podía regar en las horas del día cuando ... (ver texto completo)
Bajábamos a la huerta siempre por el camino de la chorquilla, si no se llevaba el macho, atajábamos siguiendo la acequia (siempre iba buscando con la mirada algún pececillo, cangrejo, culebra o rata de agua) y cruzábamos a la huerta por una tabla puesta en la acequia para tal fin, justo detrás de la casilla de Angelito (Calilo). Tras dejar las alforjas del almuerzo había que regar a primera hora o mejor cuando bajara el sol, mi padre decía que no se podía regar en las horas del día cuando ... (ver texto completo)
Emilio: Me ha encantado tu relato, y ¿sabes? me has hecho recordar que yo también me solía poner al otro lado del surco para decirle a mi padre cuando llegaba el agua, para que lo tapase con el legón y no se desbordara.
Tienes razón, es muy bonito el ver como esa planta se levanta del surco para enderezarse, como tú dices un "milagro" de la naturaleza.
Me parece Emilio que dentro de tí hay un hortelano en potencia, y creo que debieras de tener ese trozo de tierra que deseas, y sembrar esas hortalizas ... (ver texto completo)
Tienes razón, es muy bonito el ver como esa planta se levanta del surco para enderezarse, como tú dices un "milagro" de la naturaleza.
Me parece Emilio que dentro de tí hay un hortelano en potencia, y creo que debieras de tener ese trozo de tierra que deseas, y sembrar esas hortalizas ... (ver texto completo)