La web me tenía destinado un milagro. El milagro indescriptible, de encontrar el retrato de la hermosa abuela que no conocí personalmente, sino a través de las referencias de mi padre Alberto Cosgaya, como así también hablarme de sus hermanos, Esperanza, Trinidad, Eduardo, y Agustín. Parece que el arisco Chaco donde nací, me atrapó, y no me dejó llegar hasta
Santa Fé, para poder conocerlos y abrazarlos fuerte. Ha pasado el tiempo, hoy más lejos aún, en Tierra del Fuego donde resido, también lejos
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