---LA OTRA CIUDAD ENCANTADA---
Templos románicos y acantilados rodean el paisaje fantástico de las Tuerces, a un paso de la montaña palentina
Nada más dejar atrás Aguilar de Campoo y las montañas que lo han visto nacer, el Pisuerga, que ya es un río grandecito, bordea el páramo de las Loras por el cañón de la Horadada, entre cortados de más de cien metros de altura. Junto al despeñadero, formando un segundo escalón, se levanta la meseta de las Tuerces, en cuya masa caliza el agua laboriosa ... (ver texto completo)
Templos románicos y acantilados rodean el paisaje fantástico de las Tuerces, a un paso de la montaña palentina
Nada más dejar atrás Aguilar de Campoo y las montañas que lo han visto nacer, el Pisuerga, que ya es un río grandecito, bordea el páramo de las Loras por el cañón de la Horadada, entre cortados de más de cien metros de altura. Junto al despeñadero, formando un segundo escalón, se levanta la meseta de las Tuerces, en cuya masa caliza el agua laboriosa ... (ver texto completo)