Como cada año, Señor, hacemos un recuento de nuestros días vividos, las cosas buenas, las cosas malas. Pero en esta ocasión lo único que puedo hacer es ver todas aquellas cosas que sucedieron, las que hice bien, las que hice mal a través de tu Misericordia. Solo tu Misericordia hace posible vivir plenamente cada instante de mi vida. La verdad no me costó mucho verla, pues desde que abrí los ojos a cada día, ya estaba ahí tu Misericordia. Y cada noche al cerrar los ojos, tu Misericordia me arrullaba.
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