La entrada a la sala capitular tiene otra sabor si en la
foto se puede ver una hermana que camina. Porque los
monasterios no son lugares muertos para visitantes deseosos de ver obras de
arte. Estos pasillos tienen vida sobre todo cuando las monjas pasean por ellos, entre cánticos y rezos. Es una pena que no podamos ver esos momentos llenos de calor humano y sentido religioso.