Conocí a Genaro cuando yo tenía siete u ocho años pues solía juntarse con mis tíos y le recuerdo participando en el acecho al lobo en la cocina vieja de casa de mis abuelos (ver El lobo) junto con mi tío Pepe y el primo Julio. Creo que allí, al hilo del miedo enfermizo al lobo, cuando Genaro me dejaba mirar al mismo tiempo que él por el ventanuco que enfilaba los rastros de sangre dejado por las vísceras que servían de señuelo y que habían manchado de rojo la nieve de la cuesta, fué cuando se fraguó ... (ver texto completo)