EL VALOR DE UN SIMPLE GESTO. Un joven estaba paseando por la orilla del mar y, a lo lejos, vio un anciano que estaba sentado en una de las villas del paseo absorto en sus pensamientos. Sus miradas se cruzaron un instante y al anciano empezaron a escapársele unas lagrimas. El muchacho quedo impresionado con aquella escena, pero no se atrevio a acercarse para preguntarle que le pasaba y tan solo lo saludo con la mano sonriéndole antes de continuar el camino.
Esa noche, los remordimientos de conciencia ... (ver texto completo)
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