Dos monjes iban caminando por el
campo al
atardecer; mientras caminaban, oraban y reflexionaban.
Un poco antes de acercarse a un
río que tenían que cruzar, el cual no tenía
puente para hacerlo, se les acercó una mujer muy guapa, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río.
Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación.
El que se apuntó para ayudar a la bella mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy
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