Bien por buscar esos espacios tan nuestros, fotografiarlos y compartirlos. Con el tiempo se convierten en entrañables y se esconden en lo más íntimo del corazón.
A fuerza de uso y trabajo estos
caminos y lugares fueron mi segunda
escuela y han dejado una rica impronta en mí. Cuando cuidaba las
vacas en Barregos, Revilla o Val de Santiago, Salinas, La Veiga, etc.., cuando iba sobre el
carro cargado de hierba, tan cerca de las copas de los
árboles y de los corredores de las
casas de la Barrera
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