Había una princesa que estaba locamente enamorada de un muchacho de La Lomba y, aunque sólo tenía 17 años, no tenía ningún otro deseo que casarse con él, aún a costa de lo que pudiera perder. Su padre que tenía fama de sabio no cesaba de decirle:
-No estás preparada para recorrer el
camino del amor. El amor es renuncia y así como regala, crucifica. Todavía eres muy
joven y a veces caprichosa, si buscas en el amor sólo la paz y el placer, no es este el momento de casarte.
-Pero, padre, ¡sería tan
... (ver texto completo)