MANZANEDA DE OMAÑA: 30 de marzo de 1810...

30 de marzo de 1810
Sobre una loma cercana, los franceses lograron colocar dos cañones que podían suponer el fin de la ciudad. Se decidió que una fuerza mandada por el coronel Félix Álvarez Acebedo cargase contra la posición. Al frente de trescientos hombres, logró desalojaran la trinchera, dejando tras de sí armas, mochilas y herramientas de ingeniero.
A cambio los franceses ocuparon el convento de Santo Domingo.
1 de abril de 1810
Se pierde la Fuente Encalada; el suministro de agua sólo depende ya de los pozos de la propia ciudad. Santocildes ordena evacuar y destruir el convento de Santa Clara a las afueras, al resultar imposible de defender. La muralla peligraba, reforzándose con sacos y espuertas de tierra. Tres soldados logran entrar desde el exterior con la promesa del auxilio de 4.000 mil soldados. La moral se eleva. Los franceses asaltan el arrabal de Puerta del Rey en una lucha incluso con armas blancas, colocando una nueva batería colocando piezas de artillería.
13 de abril de 1810
Santocildes emite un bando sobre el ahorro de víveres, donde se muerta la importante carestía a la que se enfrenta la ciudad,
14 de abril de 1810
Desde el exterior logra entrar un confidente, con noticias de José Meneses, comandante general de la vanguardia del ejército de Galicia, prometiendo ayuda (ayuda que al parecer era inviable, ya que el regimiento de 3.000 o 4.000 hombres se encontraba en Villafranca, no podía enfrentarse a los casi 50.000 efectivos del 8º Cuerpo del ejército galo que sitiaban Astorga). Tampoco el ejército aliado de Wellington, situado en los alrededores de Ciudad Rodrigo, acudiría en ayuda de los 2.000 españoles encerrados en Astorga. La plaza estaba condenada.
17 de abril de 1810
Llega desde Valladolid el general Junot para supervisar el asedio.
20 de abril de 1810
A las cinco en punto de la mañana, todas las baterías galas dispararon al unísono, escuchándose el estruendo en 50 km a la redonda (desde la capital, León, pudo escucharse). La muralla se abrió y fue reparada costales y barricas.
21 de abril de 1810
Unas granadas caídas sobre la Catedral prendieron fuego a la sacristía, incendio que pudo ser atajado. Mientras, numerosas viviendas fueron arrasadas por las bombas enemigas. A las once de la mañana se aproximó un soldado con bandera blanca y, una vez adentrado en la plaza, se identificó como español y cabo del Batallón de Voluntarios de Ribadeo, capturado en Foncebadón. Traía un recado de Junot para el gobernador de Astorga, diciendo que si no se rendía en el plazo improrrogable de dos horas, sus tropas entrarían en la ciudad a sangre y fuego, pasando a cuchillo a todos los que estaban dentro, sin respetar edad ni sexo. El rehén añadió que los franceses ocupaban todos los puertos exteriores, sin que se pudiera esperar socorro español. Celebró entonces Santocildes una conferencia con los jefes militares, manifestando todos ellos que no procedía rendirse sin haber sufrido un ataque general. Es más, el soldado que trajo la misiva de Junot se negó a volver con la respuesta, pidiendo un fusil para seguir luchando por la patria. A las dos y media, 2.000 franceses se lanzaron a la carga sobre el arrabal de Rectivía, defendida por apenas medio centenar de voluntarios. Cuando el arrabal parecía a punto de caer, salieron por la Puerta del Obispo el resto de voluntarios de León y varias compañías de Lugo y de Santiago, iniciándose un cruel combate a bayoneta calada y arma blanca. Los galos hubieron de retirarse. Tras este ataque, 1.000 granaderos veteranos se lanzaron sobre la brecha abierta en la muralla, equipados con escalas y asaltos. Lograron entrar en la ciudad y llegar hasta la Catedral, pero la violenta respuesta de los defensores les hace retroceder, pero si abandonar las murallas. Allí pasan la noche, preparados para reanudar el combate. En las calles de Astorga se encendieron fogatas, desde las que se oían perfectamente los golpes de piqueta con que los franceses colocaban minas en la Muralla. Pese a la proeza de rechazar a los granaderos, Santocildes ve que la plaza está perdida al hacer recuento de las municiones existentes, apenas treinta disparos de fusil por hombre, veinte tiros de cañón, una bomba y una granada. Con los torreones de la muralla a punto de derrumbarse, lo que dejaría indefensos a los ciudadanos ante la última y despiadada carga francesa. La junta de jefes se reunió a la una de la madrugada, manifestando su sorpresa ante la sugerencia de capitular que presentó el brigadier catalán. Pero al conocer las escasas municiones restantes, y sobre todo con la intención de salvaguardar al desguarnecido vecindario, se acordó enarbolar bandera blanca al amanecer. Y si el enemigo se negaba a pactar una capitulación honrosa, lucharían todos hasta la muerte.
22 de abril de 1810: Final del primer sitio
Al amanecer se colocó una bandera blanca en la Puerta del Obispo, mientras que un oficial Guerrero cabalgaba hasta las líneas francesas para entregar la capitulación, que Junot firmó sin apenas leerla. A eso de las once entró en Astorga el general Boyer para tomar posesión oficial de la plaza, seguido poco después por Junot, que no quiso aceptar el sable que le tendía Santocildes en señal de rendición. Según el acuerdo firmado en el protocolo de capitulación, la tropa española superviviente, exhausta, formó en columna y comenzó a desfilar por el camino real hacia La Bañeza, escoltada por 10.000 soldados franceses. Entre los soldados vencidos se encontraba el húsar Tiburcio Álvarez, nacido en Villafrades, un pueblecito de Valladolid, allá por 1785. Había destacado sobremanera durante las aciagas jornadas del sitio. Tiburcio Álvarez iba a la vanguardia de la columna que salía de la capital maragata con destino a La Bañeza. Se dice que en ese momento, disparó su carabina apuntando al general Boyer, mientras gritaba: Si todos se rinden, yo no me rindo. Otros sugieren que, arrojando el fusil al suelo, Tiburcio se lanzó sobre el enemigo y mató unos cuantos franceses con su sable antes de ser reducido. Según Santocildes, Tiburcio al conocer que se había firmado la rendición, y ver entrar al enemigo gritó en forma desaforada ¡yo no capitulo! y se lanzó sable en mano contra los gabachos, salvando uno de ellos la vida al refugiarse en un portal. Llevado a presencia de Junot y juzgado, fue ejecutado.
22 de junio de 1811
Tras escaparse de los franceses, Santocildes retoma Astorga.
30 de junio de 1811
Decreto de las Cortes de Cádiz, expedido para premiar la resistencia de Astorga y haciéndose mención al heroico húsar Tiburcio.
Finales de agosto de 1811
El general Dorsenne tomaba nueva posesión de Astorga. Los franceses llegan hasta El Bierzo, aunque no pasaron de Villafranca, bravamente defendida. El ejército invasor saquea los pueblos ocupados, llevándose rehenes consigo.
Mediados de junio de 1812: segundo asedio de Astorga
Para distraer las fuerzas enemigas de cara a la batalla de Arapiles (Salamanca), a mediados de junio se iniciaba un nuevo sitio a Astorga, pero ahora llevado a cabo por los españoles. Santocildes está decidido a recuperar la capital. Se colocó una batería frente a Puerta de Rey, a la que se añadiría más tarde otra pieza situada entre el castillo y Puerta Obispo. Las huestes enemigas del general Remond habían pertrechado perfectamente la plaza, al derribar el arrabal de Rectivía y cubrir con fosos y empalizadas las puertas del Obispo y del Rey. Además, no era posible lanzar bombas y granadas contra compatriotas. Santocildes marchó a mediados de julio, participando en la toma de Valladolid. Astorga permanecía sitiada y amenazada por una batería de tres cañones, aunque el ritmo de operaciones disminuyó.
Agosto de 1812: final del segundo Asedio de Astorga.
El general Castaños ofreció a Remond una capitulación honrosa que el francés aceptó con alivio
BIBLIOGRAFIA
Principalmente los textos publicados en Diario de León en 2008 bajo el título "León en la Guerra de Independencia", obra de Javier Tomé y José María Muñiz. De hecho, básicamente estos artículos son resúmenes / reorganizaciones de la información allí aportada.