Enrique Gil y Carrasco, el único viajero leones que se recoge en la presente obra, nació en Villafranca del Bierzo el día 15 de Julio de 1815.
Después de realizar los primeros estudios en Ponferrada y Vega de Espinareda se traslada a Valladolid con el objeto de cursar la carrera de Leyes. La existencia de dificultades económicas en el seno familiar, obliga a este ilustre berciano a interrumpir su estancia en la Universidad vallisoletana y` volver de nuevo a su tierra.
Este país posee muchos recuerdos y, si no fuera por no aumentar una carta que sobrado larga será ella de suyo, te daría noticias mas circunstanciales; pero me voy olvidando de las montañas de León y si por algo te escribo es justamente por hablarte de ellas.
Ya sabes que mi pensamiento no era otro que el de recorrerlas, cruzar después el principado de Asturias, embarcarme en Gijón para La Coruña y visitar el litoral de Galicia, sin pasar por los quebrantos que trae a todos los viajeros la guerra civil que devora la Península.
Con tal intento y, siguiendo río arriba del Sil, celebre por el purísimo oro que en sus arenas arrastra, salí del Bierzo, atravesé los valles que toman el nombre del río, cruce en seguida la Ceana y la Omaña y me detuve en los últimos términos de Babia. Ya sabes que mi viaje es más poético que científico y, por tanto, sólo esperaras noticias generales en cuanto a sus producciones, etc.; sin embargo, no dejaré de decirte que los recursos agrícolas de estos pueblos se no y de lino, insuficiente, como puedes conocer, a sus necesidades, por lo cual libran su subsistencia casi exclusivamente en la ganadería. Este país es esencialmente pastoral y no sabes cuanta gracia y cuanto hechizo se encuentra en la sencillez de sus costumbres, después de salir de entre los bruscos moradores de esa triste y desnuda Castilla.
Aunque lo dejo dicho que todo el país es esencialmente pastoral, ningún pueblo es tan pastor en todo el rigor de la expresión como la Babia. Como su principal riqueza consiste en rebaños de las ovejas de riquísima lana llamadas merinas y la débil complexión de estos ganados es incapaz de sufrir el invierno riguroso de este país, toda la parte viril de la población tiene que trashumar con ello en busca de los pastos de Extremadura. Cuando los calores de mayo comienzan a sentirse en esta tierra y agostan las vegas de este país, tornan las merinas a las montañas hasta que viene el otoño, en cuya época se restituyen a Extremadura.
Cuando yo llegué a Babia era justamente la época en que las merinas venían a veranear y difícilmente podrás imaginar escena de más interés y animación. Las mujeres, los niños y los viejos salían a recibir a los ausentes, los perros acariciaban a sus amos, balaban las ovejas al mirar los sabrosos pastos de los montes, relinchaban las yeguas al reconocer sus praderas nativas y los abrazos y las preguntas que por todas partes se cruzaban y el abandono y la efusión de todo este cuadro tenían para mí un indecible atractivo. Me figuraba yo las tribus árabes de vuelta al pie del Atlas, con sus camellos y caballos, e involuntariamente se me venían a la memoria los dichosos tiempos de Jacob y de Laban.
La noche de la llegada de los pastores hay siempre baile, cena opípara y toda clase de regocijos, en que las mujeres lucen las galas y presentes que les han traído sus maridos o amantes.
La Babia es un país triste, desnudo y riguroso por invierno, pues ocupa la mesa de las montañas y no cesan en él por entonces las nieves y las tormentas. Sin embargo, las praderas de esmeralda que verdeguean por las llanuras, sus abundantes aguas, la alineación simétrica de sus montecillos cenicientos de roca caliza y los leves vapores que levanta el sol del verano de sus húmedas praderías contribuyen a darle por entonces un aspecto vago, suave y melancólico que sólo se encuentra en algunos paisajes del Norte. Hacia las lindes de este país y junto a un pueblo llamado Barrios de Luna se ven las paredes aportilladas por todas partes del castillo de Luna, donde el rey don Alfonso el Casto encerró al conde de Saldaña, padre del paladín Bernardo del Carpio, que derroto en Roncesvalles el ejercito de Carlomagno, y al decir de las leyendas españolas mato de su propia mano a Roldan, el sin par de los doce pares.
Hasta aquí las circunstancias particulares de la Babia. Los demás concejos, a saber, la Omaña, la Ceana y el Sil, se parecen mucho entre sí, si bien el ultimo se diferencia algo más por la mucha frondosidad que viste sus riquísimos montes y por ser algo mas estrecho y reducido.
Después de realizar los primeros estudios en Ponferrada y Vega de Espinareda se traslada a Valladolid con el objeto de cursar la carrera de Leyes. La existencia de dificultades económicas en el seno familiar, obliga a este ilustre berciano a interrumpir su estancia en la Universidad vallisoletana y` volver de nuevo a su tierra.
Este país posee muchos recuerdos y, si no fuera por no aumentar una carta que sobrado larga será ella de suyo, te daría noticias mas circunstanciales; pero me voy olvidando de las montañas de León y si por algo te escribo es justamente por hablarte de ellas.
Ya sabes que mi pensamiento no era otro que el de recorrerlas, cruzar después el principado de Asturias, embarcarme en Gijón para La Coruña y visitar el litoral de Galicia, sin pasar por los quebrantos que trae a todos los viajeros la guerra civil que devora la Península.
Con tal intento y, siguiendo río arriba del Sil, celebre por el purísimo oro que en sus arenas arrastra, salí del Bierzo, atravesé los valles que toman el nombre del río, cruce en seguida la Ceana y la Omaña y me detuve en los últimos términos de Babia. Ya sabes que mi viaje es más poético que científico y, por tanto, sólo esperaras noticias generales en cuanto a sus producciones, etc.; sin embargo, no dejaré de decirte que los recursos agrícolas de estos pueblos se no y de lino, insuficiente, como puedes conocer, a sus necesidades, por lo cual libran su subsistencia casi exclusivamente en la ganadería. Este país es esencialmente pastoral y no sabes cuanta gracia y cuanto hechizo se encuentra en la sencillez de sus costumbres, después de salir de entre los bruscos moradores de esa triste y desnuda Castilla.
Aunque lo dejo dicho que todo el país es esencialmente pastoral, ningún pueblo es tan pastor en todo el rigor de la expresión como la Babia. Como su principal riqueza consiste en rebaños de las ovejas de riquísima lana llamadas merinas y la débil complexión de estos ganados es incapaz de sufrir el invierno riguroso de este país, toda la parte viril de la población tiene que trashumar con ello en busca de los pastos de Extremadura. Cuando los calores de mayo comienzan a sentirse en esta tierra y agostan las vegas de este país, tornan las merinas a las montañas hasta que viene el otoño, en cuya época se restituyen a Extremadura.
Cuando yo llegué a Babia era justamente la época en que las merinas venían a veranear y difícilmente podrás imaginar escena de más interés y animación. Las mujeres, los niños y los viejos salían a recibir a los ausentes, los perros acariciaban a sus amos, balaban las ovejas al mirar los sabrosos pastos de los montes, relinchaban las yeguas al reconocer sus praderas nativas y los abrazos y las preguntas que por todas partes se cruzaban y el abandono y la efusión de todo este cuadro tenían para mí un indecible atractivo. Me figuraba yo las tribus árabes de vuelta al pie del Atlas, con sus camellos y caballos, e involuntariamente se me venían a la memoria los dichosos tiempos de Jacob y de Laban.
La noche de la llegada de los pastores hay siempre baile, cena opípara y toda clase de regocijos, en que las mujeres lucen las galas y presentes que les han traído sus maridos o amantes.
La Babia es un país triste, desnudo y riguroso por invierno, pues ocupa la mesa de las montañas y no cesan en él por entonces las nieves y las tormentas. Sin embargo, las praderas de esmeralda que verdeguean por las llanuras, sus abundantes aguas, la alineación simétrica de sus montecillos cenicientos de roca caliza y los leves vapores que levanta el sol del verano de sus húmedas praderías contribuyen a darle por entonces un aspecto vago, suave y melancólico que sólo se encuentra en algunos paisajes del Norte. Hacia las lindes de este país y junto a un pueblo llamado Barrios de Luna se ven las paredes aportilladas por todas partes del castillo de Luna, donde el rey don Alfonso el Casto encerró al conde de Saldaña, padre del paladín Bernardo del Carpio, que derroto en Roncesvalles el ejercito de Carlomagno, y al decir de las leyendas españolas mato de su propia mano a Roldan, el sin par de los doce pares.
Hasta aquí las circunstancias particulares de la Babia. Los demás concejos, a saber, la Omaña, la Ceana y el Sil, se parecen mucho entre sí, si bien el ultimo se diferencia algo más por la mucha frondosidad que viste sus riquísimos montes y por ser algo mas estrecho y reducido.