MANZANEDA DE OMAÑA: Desde Campo bajamos, entre robles, a la Omañuela, apenas...

Desde Campo bajamos, entre robles, a la Omañuela, apenas un nidal humano, que sorprende como en un corazón de tierra y agua tan chico, pudieron caber tantas almas. Almas éstas, siempre acogedoras, que en las puertas de sus casas sostuvieron palos para acoger a transeúntes. Y pasamos después, tras subida muy pendiente, a Pandorado, mágico y legendario lugar. Más allá a la derecha, por Arienza, llegamos a Salce, donde nos recibirán recordando antiguas ordenanzas que mandaban a sus vecinos que tuviesen caridad con viudas, pobres, huérfanos e impedidos.

Por riscos y antiguos caminos, pasamos a Curueña, firme como el sol en el verano. Ya su casa hidalga abandonada apenas recuerda a los Flórez, a los Menéndez Pidal. Nos preguntamos cómo adivinar lo que hay dentro de su pecho y subimos allá a La Filera, buscando los pasos de Dalmiro Fernández y Balbino Gutiérrez, adivinando o viendo muchos caseríos allí abajo, y no hay pueblos como éstos, ni valles, ni casas, ni calles como éstas. Allí están Robledo, La Urz, Bonella, Villarín, Socil, Ceide y los Ariegos, donde las aguas corren serenas, con sus rústicas cabañas de montaña y sus ancianos bronces sagrados. No tengas penas en dejarte por estos valles, pues son muchos los placeres que disfrutarás. Y mientras vas caminando, si es verano o primavera, sigue los pasos de Urbano Alvarez, por Manzaneda o Cornombre, vete despacio, viajero y mira, repara y contempla la belleza de este suelo, aunque pobre te parezca.

Desde Rosales un día podremos caminar hasta Fasgar, sobre lomas de Gistredo, por Fornias y vestigios romanos, divisando rústicas ermitas, y desde la cima de ásperas montañas bajar a la Laguna de los Llaos, y desde allí, entre un bosque de abedules, acercarse y sentarse muellemente junto a la clara fuente de la Poesía, y guiados por Samuel Rubio, llegar a una collada para ver el Campo de Santiago, con la proa tambarona hacia poniente.

Y allí abajo, en fértil valle, ocultos entre el follaje y a la orillita del río, se asientan Cirujales, Villaverde y Marzán, Barrio de la Puente y Torrecillo. Y Posada de Omaña, donde encontraremos un hogar placentero, una paz y dulzura, patria del tierno hijo de Omaña, Peralvillo de Omaña, y de su creador, Rubyn de la Calzada, el cual en su novelesca historia nos estará guiando desde estas tierras hasta Astorga. Y también nos hablará del son de brisas y rumor de fuentes, dulces horas de placer henchidas, por Vegapujín y Posada.

Al pasar por Guisatecha, con restos de tiempos que ya pasaron, el pensamiento dice que jamás te olvidaría. En el Castillo nos guiaremos por el Padre Publio Cubría Bardón, que nació - como él mismo ha escrito - al pie del altozano sobre el que descansan las ruinas del castillo de Don Ares de Omaña, que ha viajado a pie, a uña de caballo y en coche por todos los pueblos y tierras de la cuenca del río Omaña.