Nuestra forma de vivir es atropellada e inconsciente: los pensamientos corren desbocados, independientes de nuestra voluntad, el cuerpo es un desconocido que funciona involuntariamente; ignorantes de sus señales no distinguimos lo que le perjudica o beneficia. Incapaces de manejar sus reacciones (malestar, ansiedad, tensión...) no despertamos todo su potencial de disfrute y percepción ni lo utilizamos con habilidad y flexibilidad. Las emociones son reprimidas, temidas o se manifiestan como tormentas ... (ver texto completo)