Alrededor del solsticio de
invierno, solía hacer un frío de mil demonios en
Folloso. Por el día, con la actividad de los quehaceres cotidianos y si el día estaba despejado, había la suficiente energía calorífica como para que el frío no se notara mucho. Al
anochecer recogidos en la cocina con un buen fuego en la cocina económica bilbaina y después de
comer unas buenas patatas sazonadas con unos "chichos" y un buen pimentón picante de "Abajo"*, arrebañado el plato con un gotín de leche migado y a
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