Si nadie la quiere entera, habrá que venderla por letras
Hubo una vieja caja de ahorros, nuestra, de
León, la caja, con su
monte de piedad, para los casos de apuro. Eran los tiempos de pagar a tocateja y ahorrar a fin de mes lo que sobraba. O de apuntar en la libreta del tendero y el panadero y al vender el ternero se pagaba todo. Y lo que sobraba eran las ganancias.
Y con los ahorros y las ganancias iban a la caja. Allí quedaban bien guardados, por si acaso, para una enfermedad o una operación,
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