El lobo y la raposa después de pasar algunas penalidades correteando por prados y valles, riscos y montes..., nuestros dos protagonistas habían trabado una gran amistad.
Las tripas les rugían a los dos. No tenían ni unos miserables huesos que moler con sus fuertes colmillos, ni unos pequeños roedores para cenar ese día.
El Sol se había escondido tras el Cueto y la noche comenzaba a cubrir con su tenue manto las tierras y sembrados del pueblo.
Nuestros dos amigos estaban en un paraje denominado ... (ver texto completo)
Las tripas les rugían a los dos. No tenían ni unos miserables huesos que moler con sus fuertes colmillos, ni unos pequeños roedores para cenar ese día.
El Sol se había escondido tras el Cueto y la noche comenzaba a cubrir con su tenue manto las tierras y sembrados del pueblo.
Nuestros dos amigos estaban en un paraje denominado ... (ver texto completo)