La seca y dura tos volvió a hacer su aparición. La ceniza se había encargado de irritar su garganta. Sentía calor, mientras le parecía escuchar rumor de agua. Empezó a temblar, a sudar y a recordar. Cuando llegaron a Fuente Urbel, tenía muy claro que debía hablar del combate que todo hombre santo tiene que realizar contra el maligno. Sabía que la Biblia lo dejaba bien claro a través de la figura del general arcángel, de San Miguel. Los habitantes de Fuente Urbel conocían su historia. Por algo, como ... (ver texto completo)