Con la entrada del verano, todos los paisajes se tornan a la vivacidad. El silencio del invierno se convierte en una ruidosa algarabía de cantos de los alados paseriformes. Los paisajes cambian sus vestidos grises del invierno o blancos de primavera, por el verde esperanza de los chopos de las riberas.
Los verdes sembrados amarillean con sus espigas preñadas de rubios o rojos granos que colmarán las trojes de los labradores.
Los huertos también lucen sus mejores galas: rojas perlas cuelgan ... (ver texto completo)
Los verdes sembrados amarillean con sus espigas preñadas de rubios o rojos granos que colmarán las trojes de los labradores.
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