Hace un siglo, en la comarca que ahora atienden Maxi y Miguel Ángel había decenas de curas, un equipo bien provisto que velaba por las necesidades espirituales de la comunidad y anotaba con cuidada caligrafía los pormenores de su pequeña
historia: nacimientos,
bodas, defunciones. Pero llegaron la guerra, la despoblación, esos momentos en que la Historia con mayúscula cambia de postura, y los
pueblos se fueron vaciando. Los curas también desaparecieron poco a poco hasta que quedaron sólo dos. Hoy,
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