Si, realmente tienes razón, Piedad. Aquellos tiempos ya no volverán. Antes, estábamos en contacto con la naturaleza de una manera, valga la redundancia, muy natural. Mi abuela tenía conejos y gallinas: se mataba un chino cada año, nos subíamos a la mula del carro del pan de mi abuelo. Si llovía, interrumpíamos el juego para ir a por caracoles, al castillo o cerca de la estación. Sabíamos de ligaternas, cogíamos grillos y no nos asustaban más de lo necesario los insectos que nos rodeaban...
Un verano,
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Lydia: te has olvidado de los renacuajos que cogiamos en la acequia, enfrente de la
casa de la Matildina, en la chorquilla o en el Burejo, ¡anda que no pescabamos entonces,! y no nos daban ni miedo ni asco, lo mismo daba un cangrejo que un renacuajo, cogiamos todo lo que movía y se dejaba coger. Pasabamos horas y horas jugando en la
calle, con
nieve, con frio, sín miedo a nada, y todo el
pueblo era nuestro. Yo sí he conseguido que mis hijos viviesen todo esto en el pueblo de su padre, al ser un pueblo
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