Entró el
verano aquí en el suelo burebano, ¡saludos! errante golondrina, perenne vecina del ardiente verano. Llegaste por
primavera con tu cola larga y bifurcada, garganta rojiza, vientre blancuzco y alas azuladas, para hacer tu
nido en
chimeneas y
pajares. Seas bienvenida, y que nos libres de moscas y mosquitos, que tánto abundan en estos
pueblos pequeñitos.
Tu siempre vuelas con ventanilla, pero los que a pie andamos, casca un sol que te desloma, y las espigas tuesta, seca y dora. Menos mal
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