Además de comprarlos nuevos también se cambiaban. Lydia recordará que la tienda de su tío Tolín era como un santuario del cambio, cómicas de todo tipo, novelas de Marcial Lafuente Estefanía y de Corín Tellado. También se cambiaban las fotonovelas. Era una manera económica de poder leer, en su época fue un gran servicio y la gente cuidaba las cosas.
A mi me encantaban aquellos cuadernillos apaisados de Azucena, con historias de princesas de paises remotos, principes azules y valientes y hadas buenísimas y que al final siempre terminaban en boda. Más educación sexista de la época, pero de eso nos dimos cuenta más tarde.
También recuerdo, ¡cómo no!, a la pobrecita Genoveva de Brabante. O los cuentos verdaderos de los hermanos Grimm, crueles a morir, que me hacían sufrir mucho. Todavía no he olvidado uno que se titulaba "El Enebro".
Con los ... (ver texto completo)
También recuerdo, ¡cómo no!, a la pobrecita Genoveva de Brabante. O los cuentos verdaderos de los hermanos Grimm, crueles a morir, que me hacían sufrir mucho. Todavía no he olvidado uno que se titulaba "El Enebro".
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