Bonilla ha sido, es y será siempre Villa Episcopal, lo que no se puede pretender es que se convierta en un paraiso de amargados que un dia abandonaron el pueblo porque no les gustaba como se vivia en él, su forma de evolucionar, las condiciones que en él se daban, la gente que allí vivía y ahora se les ocurre volver (cada puente, cuando cogen vacaciones, cuando no hace frío, cuando se acuerdan) y pretenden que el pueblo sea su juguete, que se rinda a sus pies cada vez que vengan, que lo dejen todo ... (ver texto completo)