Creo que tenía trece años cuando me declaré independiente. Me sentía agobiado por la presión constante de mi madre para que trabajara en el
campo y cuidar el
ganado que teníamos en
casa, y por si fuera poco, a mediodía comíamos todos los días
cocido de garbanzos con las viandas correspondientes mas, siempre el relleno que hacia mi madre majestuosamente.
Pero era algo que me excitaba, la tentación de independencia. Era
invierno y fallaba la lumbre debajo de la
chimenea negra por el hollín, así que
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