Viendo esta reliquia de cerradura, me vienen a la memoria aquellas puertas de mi pueblo. Y las correspondientes llaves para abrirlas. Recuerdo que unas eran de hierro forjado, macizas y pesaban lo que no está escrito. Otras estaban huecas, tenían el centro de la llave vacío, pero también pesaban lo suyo y lo del vecino, (que diría nuestra amiga Tordilla). Para estas últimas, la cerradura tenía una suerte de punzón central en el que se encajaba la llave. De las últimas llaves que recuerdo de este ... (ver texto completo)