LEYENDA PRIMITIVA
Volvían a Ávila, de pelear en las Navas de Tolosa, los escuadrones serranos al mando de D. Alvar Dávila, señor de Sotalvo. Al pasar el desfile frente al palacio de D. Diego de Zúñiga, arriba, desde alta ventana, su hija Dª Guiomar aplaudía a los guerreros. Su mirada angelical se cruzó con la de Alvar, que sonreía, sonreía... El valiente capitán de serranos recorrió ya la ciudad sin corazón ¡lo había perdido en una sonrisa!
Guardaba D. Diego a su hija para ofrecersela a Dios. ... (ver texto completo)
Volvían a Ávila, de pelear en las Navas de Tolosa, los escuadrones serranos al mando de D. Alvar Dávila, señor de Sotalvo. Al pasar el desfile frente al palacio de D. Diego de Zúñiga, arriba, desde alta ventana, su hija Dª Guiomar aplaudía a los guerreros. Su mirada angelical se cruzó con la de Alvar, que sonreía, sonreía... El valiente capitán de serranos recorrió ya la ciudad sin corazón ¡lo había perdido en una sonrisa!
Guardaba D. Diego a su hija para ofrecersela a Dios. ... (ver texto completo)