Valdanzo con sus parientes.
Hice entonces un esfuerzo soberano para decirle que no era nada; pero el chico -quizá al ver
mi rostro cadavérico- insistió que al terminar la lluvia volviéramos a desandar lo andado.
Nada quise preguntarle a cerca del galope de caballo, porque quizá después de todo, acaso
no habría relación entre aquello y la misteriosa voz del penitente invisible e inteligible.
IV
... (ver texto completo)
Hice entonces un esfuerzo soberano para decirle que no era nada; pero el chico -quizá al ver
mi rostro cadavérico- insistió que al terminar la lluvia volviéramos a desandar lo andado.
Nada quise preguntarle a cerca del galope de caballo, porque quizá después de todo, acaso
no habría relación entre aquello y la misteriosa voz del penitente invisible e inteligible.
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