Pues bien, estando Felipe Benicio, el 16 de abril de 1254, jueves de pascua, oyendo la misa conventual en la cercana ciudad de Fiésole, al proclamarse aquellas palabras: "Felipe, acércate y sube a este
carro", tomadas de los Hechos de los apóstoles, interpretó que iban dirigidas a él. Y después en su
casa, orando, tuvo una visión en medio de un éxtasis: vio venir a su encuentro a la
Virgen, Madre de Dios, quien mostrándole el hábito negro de los servitas, le sonrió diciéndole: "Felipe, acércate y
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