para ti milagros y todos los alconcheleros que vuestras inquietudes se vean cumplidas este año. alejandro
Vaya, han pasado más de dos años para que haya podido leer, y por casualidad y curiosidad, este mensaje en el que Valencia escribía deseando que en el 2015 se vieran cumplidas mis inquietudes, así como las de todos los alconcheleros.
Muchas gracias, con "un poco " de retraso, Valencia; te deseo lo mismo para este 2017 y muchos saludos desde Barcelona
Empezó ésta, entre trescientos príncipes de todas las regiones de la India, y hasta de Egipto y Arabia. La espada del joven hacía maravillas, y pronto tuvo derribados a más de treinta enemigos. Al fin sólo quedaron dos, un gigantesco árabe y el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla.
-No temas -le dijo el caballo-. La espada que llevas al cinto está encantada, y con ella ganarás a todos los enemigos que se pongan ante ti.
Al entrar en el palenque donde debía celebrarse la justa, el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla, causó verdadera sensación, sobre todo en la princesa Armina, que enseguida quedó enamorada de él, y deseó con toda su alma que fuese el vencedor en la lucha.
- ¿Qué ocurre? -preguntó el príncipe.
-Esta es la ciudad de Calcuta, la más hermosa de la India -contestó Katar-. Te he traído aquí para que tomes parte en el gran torneo que se celebrará. El ganador obtendrá la mano de la princesa Armina, la más bella entre las bellas.
-Pero yo no sé luchar -replicó el príncipe.
Como el mismo rey había sido burlado no les castigó, y para evitarse la vergüenza de la derrota, no dijo nada a sus mujeres, que respiraron tranquilas, creyendo muerto al príncipe.
Mas éste no estaba muerto, sino que cabalgaba sobre Katar, brillando al sol su armadura, y golpeándole las piernas la hermosa espada.
Días y días cabalgó sin descansar, hasta que al fin Katar se detuvo a las puertas de una rica ciudad, a la que afluían gran número de personas.
-Entra en ese cuarto de la derecha y en él encontrarás una silla de montar que me pondrás enseguida. También encontrarás un traje de príncipe y una armadura de oro. Son para ti.
El príncipe entró en la habitación indicada y ensilló el caballo, poniéndose él el traje y la armadura, que Katar le había regalado, creándolos gracias a su magia.
Fuera de las cuadras, el Rajá había ordenado formar a todo su ejército, pero antes de que los soldados pudieran poner las flechas en los arcos, se abrió la puerta ... (ver texto completo)
Él mismo se armó de un arco, para tomar parte en la ejecución.
Pero Katar, como ya hemos dicho, era un caballo mágico, y cuando oyó llegar a los soldados comprendió a lo que iban. Sacando al príncipe, le dijo:
-No temáis -las tranquilizó el Rajá-. Mañana mismo haré matar a Katar.
Como el caballo era muy fiero, el rey no se atrevía a hacerlo matar por un hombre solo, y por ello mandó formar a todos sus soldados, ordenándoles que lanzaran sus flechas contra el caballo en cuanto éste saliera de la cuadra.
Estas creyeron morir del susto. El príncipe que ellas creían muerto volvía a resucitar; y como temían por sus cabezas, corrieron al Rajá, después de desgarrar sus vestiduras, y le dijeron:
-Vuestro caballo Katar ha irrumpido en nuestras habitaciones y nos ha destrozado las ropas. Desde hoy no podremos comer en paz. Siempre temeremos ser destrozadas por ese salvaje animal.
Cinco años guardó Katar el príncipe de la luna en la frente y la estrella en la barbilla. Cada seis meses lo sacaba de su estómago para recrearse con su vista, y en una de estas ocasiones, fue visto por el palafrenero mayor de palacio, quien, lleno de miedo, comunicó su descubrimiento a las cuatro reinas.
Óyeme, Katar -le dijo-. Mañana moriré, y antes quisiera pedirte que me guardases una cosa.
-Enséñame la cosa que es, y entonces te diré si quiero guardarla -contestó el caballo.
Suri mostró a Katar el hermoso príncipe, y el caballo accedió enseguida a guardarlo.
Al día siguiente, la buena vaca fue sacrificada por el matarife de palacio.
Katar era un caballo al que nadie había podido montar jamás. Era tanta su fiereza, que tenía aterrorizados a todos los guardianes de las cuadras. Sin embargo, ... (ver texto completo)
-No temáis -les tranquilizó el monarca-. Mañana mismo haré matar a la vaca.
Un pajarillo comunicó a Suri su sentencia de muerte, y la buena vaca sólo pensó en el principito que guardaba en su estómago. Royendo la cuerda que la ataba al pesebre, fue en busca de Katar, un caballo salvaje que se guardaba en las cuadras.
Las cuatro esposas del Rajá se estremecieron de miedo, y rasgándose sus vestiduras, fueron a ver a su esposo, diciéndole:
-Señor, vuestra vaca ha entrado en nuestras habitaciones y nos ha roto los vestidos. Ha sido un verdadero milagro que no nos haya matado. De ahora en adelante tendremos mucho miedo.
Al cabo de un año, Suri, la vaca, quiso ver al principito, y quedó más prendada que nunca de su hermosura. Para librarlo de todo mal, volvió a tragárselo, y así lo guardó diez años.
Por desgracia, un día la vio el guardián del establo, quien enseguida corrió a decir a las reinas que la vaca tenía dentro un hermoso joven con una luna en la frente y una estrella en la barbilla.
El perro oyó por casualidad su sentencia de muerte, y temiendo por la vida del niño que llevaba en el estómago, decidió dejarlo al cuidado de alguien. Este alguien resultó ser la vaca Suri, que estaba en el establo del palacio.
-Óyeme, Suri -le dijo-; quisiera que me guardases algo, pues mañana el rey me hará matar.
-Enséñame eso que quieres que te guarde -replicó la vaca.
El perro mostró el principito a la vaca, la cual lanzó un mugido de asombro ante su belleza.
-Lo guardaré con muchísimo gusto ... (ver texto completo)