Dicho esto, comenzó a pasear por las calles y, mientras paseaba, tocaba con su flauta una maravillosa melodía que encantaba a los ratones, quienes saliendo de sus escondrijos seguían embelesados los pasos del flautista que tocaba incansable su flauta.
Al poco se presentó ante ellos un flautista taciturno, alto y desgarbado, a quien nadie había visto antes, y les dijo: "La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo ratón en Hamelín".
Ante la gravedad de la situación, los prohombres de la ciudad, que veían peligrar sus riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron: "Daremos cien monedas de oro a quien nos libre de los ratones".
El flautista de Hamelín

Hace mucho, muchísimo tiempo, en la próspera ciudad de Hamelín, sucedió algo muy extraño: una mañana, cuando sus gordos y satisfechos habitantes salieron de sus casas, encontraron las calles invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes, devorando, insaciables, el grano de sus repletos graneros y la comida de sus bien provistas despensas.
Nadie acertaba a comprender la causa de tal invasión, y lo que era aún peor, nadie sabía qué hacer para acabar ... (ver texto completo)
El espejo de Casiopea

Hace muchos años, cuando vivía la madrastra de Blanca Nieves, había otra reina de un país lejanísimo, que se llamaba Casiopea.
Era muy guapa esta reina, tan guapa, que no hacía más que mirarse al espejo, como la madrastra de Blancanieves, y preguntarle:
-Espejito mágico, ¿hay otra reina tan guapa como yo, sí o no?
En esta ciudad, me recibió una multitud inmensa: todos querían ver cómo hacía correr al lobo enganchado a mi trineo. Me recibieron con tales manifestaciones de júbilo que el zar en persona sintió una gran envidia ante mi destreza.
“ ¿Qué hacer? Podría haber matado al lobo, pero tampoco habría podido salvar al caballo, me habría quedado solo en el bosque, en mi trineo, entre un caballo muerto y un lobo famélico. Por suerte, se me ocurrió una idea. Agarré la fusta y comencé a fustigar al lobo, hasta tal punto que llegué a arrancarle jirones de piel. Tal como había supuesto, el lobo acabó de comerse al caballo con la mayor prisa posible y se echó a correr para escapar a los golpes de mi fusta. Pero yo no le daba tregua. El lobo ... (ver texto completo)
“El pobre animal relinchaba de dolor y espanto, y corría con todas sus fuerzas, pero no lograba sacarse al lobo de encima. Muy pronto, el lobo acabó de comerle el lomo y siguió después con su barriga en su afán de devorarlo.
“De pronto, apareció un lobo que salió del bosque y se me tiró encima. No tuve tiempo siquiera de echar mano a la pistola. El lobo se lanzó sobre la grupa del caballo y comenzó a comérselo, bocado a bocado.
“Sin embargo, el tiempo se descompuso de nuevo. La nieve volvió a caer y cubrió todas las cosas. Decidí seguir la costumbre rusa, así que me compré un trineo, enganché el caballo a ese vehículo y emprendí camino hacia San Petersburgo. Sólo me daba miedo pensar en que, durante el trayecto, pudiesen atacarme los lobos. En Rusia, en efecto, los lobos son tan numerosos como los pájaros entre nosotros.
“A la mañana siguiente, desperté y miré a mi alrededor. No podía creer que estuviese realmente despierto. En efecto, me encontraba tendido en un charco, en medio de la plaza principal de la ciudad, rodeado por una multitud de personas que miraban hacia arriba. Miré yo también hacia lo alto ¿y qué creéis que vi? A mi caballo, sobre el campanario, amarrado con las riendas a la cruz. El pobre coceaba en el vacío y estaba a punto de morir estrangulado. Desenfundé rápidamente mi pistola, la cargué, afiné ... (ver texto completo)
“-Una vez –contaba el barón de Münchhausen-, tuve que ir a Rusia. Sabéis que me encanta cabalgar y que ni el calor ni el frío, ni la lluvia ni la tormenta me asustan. Por ello decidí ir a caballo. En determinado momento se puso a nevar y la nieve era tan espesa que no se veía nada. Caía la noche y no paraba de nevar. No podía encontrar ni un pueblo ni una casa para pasar la noche. Pero mi ánimo no decayó por eso. Me apeé del caballo, lo até a una pequeña cruz que asomaba por encima de la nieve, me ... (ver texto completo)
EL BARÓN DE MÜNCHHAUSEN VA A RUSIA

Cuando el barón de Münchhausen contaba las anécdotas de su vida, la gente, después de escucharlo con la boca abierta, se quedaba perpleja. ¿Eran verdaderas o inventadas aquellas anécdotas? Juzgad por vosotros mismos.
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Hola, estoy intentando obtener datos sobre mis familiares. Se que mi abuelo Vicente Piqueras Culebras nació en Carrascosa de Haro. Sus padres eran Juan José Piqueras Aragón e Inocenta Culebras Bermejo. Tuvieron creo cinco hijos, Vicente, Braulio, Luisa, Felix y Emilia. Emilia murió con 20 años y al poco tiempo sus padres. Los abuelos de mi abuelo eran Luís Piqueras y Olalla Aragón, pero no se segundos apellidos.
Después se marcharon a Socuéllamos. Si alguién sabe algo agradecería sus aportes. Gracias.