Por la noche, cuando todos dormían, las dejó llegar al gran salón. Las arañas fueron bajando de la buhardilla quedito, quedito; quedito, quedito, fueron subiendo de los sótanos; con sumo cuidado se deslizaron por debajo de la puerta y se encontraron en el gran salón. Estaban todas: las mamás-arañas y los papás-arañas, las abuelas-arañas y los abuelos-arañas, hasta las arañas pequeñas, hasta las arañas-bebés. Corrieron por el suelo con sus ocho patitas y llegaron al pie del árbol.
Así, pues, se acercaron al Niño Jesús y le dijeron: “Querido Niño, todo el mundo en la casa ha visto el árbol de Navidad y mañana lo verán hasta los pequeños. Pero a nosotras no nos dejarán entrar y no lo podremos ver ni por asomo. Tú sabes bien que nosotras somos muy caseras, que no salimos nunca, que nos gustan las cosas bonitas…, pero ahora han hecho limpieza… y ¡nos han echado! No podremos ver el árbol; no lo podremos ver.”
El Niño se compadeció de las pobrecitas arañas y les dio permiso para ... (ver texto completo)
A las arañas les gustaba mucho saber todo lo que pasa y ver todo lo que hay que ver; así es que estaban muy enfadadas. Al fin pensaron: “ ¿Y si se lo contáramos al Niño? Quizás Él lo arreglaría
El gatito también lo había visto con sus grandes ojos verdes; le había dado la vuelta mirándolo por todas partes. También lo había visto el perro guardián con sus ojos cariñosos; el canario amarillo lo había contemplado con los ojillos negros antes de dormirse en un rincón de su jaula. Hasta los ratoncillos grises, a pesar del tremendo miedo que les daba el gato, se habían atrevido a echar un vistazo al árbol en un momento en que no había nadie.
Pero no todos habían tenido tanta suerte; alguien ... (ver texto completo)
La visita de las arañas

Ahora voy a contaros algo que le ocurrió a un árbol de Navidad hace mucho, muchísimo tiempo, tanto, tanto, que ya se me ha olvidado cuánto.
Era vigilia de Navidad, el día de Nochebuena ¿sabéis? El árbol estaba bien adornado con sus velas, sus bolas brillantes, sus naranjas alegres, sus manzanas rojas, sus nueces doradas y muchos, muchos juguetes. Era de verdad un árbol muy hermoso.
Estaba solitario en el gran salón con las puertas bien cerradas para que los niños no ... (ver texto completo)
María Jesús, llegó mayo que se estrena con el "Día del Trabajo" y por invención del Corte Inglés, también de la Madre. Hace unos momentos, te he escrito un largo mensaje que (?) se ha engullido el sistema (acostumbra a gastar estas bromas). Lamentaba en él el fallecimiento de mi querido primo Augusto Mena... victima, así creo, como mi hermana Antonia "Toni", del "fumeque"... terrible adicción (que nunca compartí).
Llueve en Menorca, donde el agua que nos regala el cielo siempre es bienvenida.
Beber, ... (ver texto completo)
Hola Luis, acabo de leer tu mensaje, pues si, tu primo Augusto murió, D. E. P, lo recordaremos siempre, era un hombre bueno, muy amigo de mi padre, en fin así es la vida, me alegra que estéis tan requetebien Katia y tú, aquí está haciéndo mucho calor, pero bueno es lo que toca en ésta época del año, me imagino que la isla se habrá llenado de gente, los bien llamados turistas, particularmente Guiris, que todo lo suelen llevar raso, beben cómo si no hubiera un mañana, en fin otra de las cosas que llega ... (ver texto completo)
Hola, Estí soy tu tía Maria Beamud. Sí que tienes familiares lejanos pero tienes que preguntar por los Guerras que es el apodo que tus abuelos tenían, suerte y saludos para todos.
Hola mi hijo es Arroyo de segundo apellido y va a ir a la parrilla con su padre y su abuela el día siete.
Horrorizado a causa del nuevo atentado en Estambul (antes Costantinopla). Nos piden respeto por el Islam... sin embargo, inspira (¿equivocadamente?) el terror y la muerte. Lo hizo también, en tiempos muy lejanos, con la Inquisición, la iglesia católica. Todos los fanatismos so execrables y condenables... como últimamente la sodomía, los abusos deshonestos a menores que se les habían confiado; por parte de sacerdotes y religiosos de confesión católica. Muy débil, la reacción del Vaticano.
Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le estaba perfecto.
Y así sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída un zapato, que el Rey recogió asombrado.
Para encontrar a la bella joven, el Rey ideó un plan. Se casaría con aquella que pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el zapatito.
La llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de baile, el Rey quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la noche. Sus hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella joven.
En medio de tanta felicidad Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.
- No te preocupes -exclamó el Hada-. Tu también podrás ir al baile, pero con una condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta. Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.
Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.
- Tú Cenicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.
Llegó el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.
- ¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó-. De pronto se le apareció su Hada ... (ver texto completo)
La Cenicienta

Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta.
Hansel y Gretel

llá a lo lejos, en una choza próxima al bosque vivía un leñador con su esposa y sus dos hijos: Hansel y Gretel. El hombre era muy pobre. Tanto, que aún en las épocas en que ganaba más dinero apenas si alcanzaba para comer. Pero un buen día no les quedó ni una moneda para comprar comida ni un poquito de harina para hacer pan. "Nuestros hijos morirán de hambre", se lamentó el pobre esa noche. "Solo hay un remedio -dijo la mamá llorando-. Tenemos que dejarlos en el bosque, cerca del ... (ver texto completo)