Intrigado, el amigo preguntó:
- ¿Por qué, después que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
"Hoy mi mejor amigo me salvó la vida".
DOS AMIGOS
Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
"Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".
El beduino, feliz, besó la mano del califa y regresó rápidamente a su desierto.
Te doy las gracias. Te nombro guardián del agua del Paraíso. La administrarás en mi nombre. Vigílala y protégela. Que todos los viajeros sepan que te he nombrado para tal puesto.
Al caer la noche hizo llamar al beduino. Dio la orden a sus guardias de que lo acompañasen de inmediato fuera de la ciudad, hasta la entrada del desierto, sin permitirle ver ni el río Tigris ni ninguna de las fuentes de la ciudad, sin darle otra agua que la suya para beber. Cuando el beduino se iba del palacio en la oscuridad de la noche, vio por última vez al califa. Éste le dio mil monedas de oro y le dijo:
-Lo que nada es para nosotros lo es todo para él. Lo que para él es el agua del Paraíso no es más que una desagradable bebida para nosotros. Pero tenemos que pensar en la felicidad de ese hombre -dijo el califa a las personas de su entorno, curiosos por su decisión
No soy más que un pobre beduino, ligado al desierto donde el destino me ha hecho nacer. No conozco nada más que el desierto, pero lo conozco bien. Conozco todas la aguas que allí se pueden encontrar. Por eso he decidido traértela para que la pruebes.
Harun al-Rasid se hizo traer un cubilete y probó el agua del río amargo. Toda la corte lo observaba. Bebió un buen trago y su rostro no expresó ningún sentimiento. Se quedó pensativo un instante y entonces con fuerza repentina pidió que el hombre fuera ... (ver texto completo)
Llenó dos botas de piel de cabra, una para él y otra el califa Harun al-Rasid, y se puso en camino hacia Bagdad. A su llegada, tras un penoso viaje, le contó su historia a a los guardias, según la práctica establecida, y fue admitido ante el califa. Harith se postró ante el Comendador de los Creyentes y le dijo:
Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados.
Un día apareció un nuevo río en la arena. Harith probó aquella agua desconocida, que era amarga y salada, e incluso un poco turbia. Pero le pareció que el agua del verdadero paraíso acababa de deslizarse por su garganta.
EL AGUA DEL PARAISO
Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche: una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas.
Hola amig@S:

Soy escritor conquense y profesor jubilado. Estoy trabajando en un futuro libro sobre APODOS, MOTES, COPLAS Y CHASCARRILLOS CONQUENSES. (Estudio lingüístico). Si pudieran ayudarme en recopilar algo sobre este tema les quedaría muy agradecido, por ejemplo, si hay alguna publicación de Fuentelespino o limítrofes o ponerme en contacto con alguna persona experta de la localidad. Si pulsan Juan Clemente Gómez en Google podránver algo de mi perfil. Colaboro también con el diario digital vocesdecuenca en la sección EL ANAQUEL y soy miembro del IDEC Instituto de Estudios Conquenses.
Muchas gracias. Un saludo
Juan- Clemente Gómez
686395561
juanconcejal@live. com
NOTA: En ningún caso aparecerá el nombre propio de LOS APODADOS. ... (ver texto completo)
Colaboradores
Paisanos ¡Se aproximan las fiestas del consumismo total, si bien en lugares de escasa población ésto se amortigua mucho. Los grandes "reclamos" de calles con adornos luminosos y escaparates tentadores... no existen. A ello se une el que el caracter castellano (excepto en las ciudades?) tiende a la parquedad, a la moderación, excelentes virtudes.
Recordad los versos de Gracián (?):
"Cuando las lejanas cumbres de nieve vista el enero, tenga yo lleno el brasero de bellotas y castañas y que las dulces ... (ver texto completo)
Pasar un buen fin de semana o puente, o lo que cada uno quiera.
saludos. rs