Hombre, muy ancha no es que sea pero..., dónde se encuentra esta calle?
Eso, eso, Jaimito.... Y las mrocillas, y los chrorizos, y el embrutido, y el modro, y las odrejas, y el drabo... ¡En fin, prara mruchas crosas! Jejejeje
Aquí, en este chiste que escribió Eufra7, a Jaimito le pasó lo que al burro de la fábula, que le sonó la flauta por casualidad. ¡Eso si que es tener "potra"!
Aunque sólo fue

Buenos días Alconchel.
Aunque sólo fue un ligero nevazo, sirvió para cambiar por unas horas el aspecto del pueblo. Con esa poca nieve ya pudimos hacernos idea del mucho frío que hizo aquel día y lo fresquitos que estuvieron nuestros paisanos, a los que desde aquí les envío un caluroso abrazo.
¡Bien comenzamos la mañana...! Como veréis, se me fue "el deo".
Aunque sólo fue

Buenos días Alconchel.
Aunque sólo fue un ligero nevazo, sirvió para cambiar por unas horas el aspecto del pueblo. Con esa poca nieve ya pudimos hacernos idea del mucho frío que hizo aquel día y lo fresquitos que estuvieron nuestros paisanos, a los que desde aquí les envío un caluroso abrazo.
-Está hecha del mismo material que la mente humana. No hay ningún secreto... simplemente está hecha de deseos humanos.
Has ganado, pero antes de que te vayas, satisface mi curiosidad. ¿De qué está hecha tu escudilla?
El mendigo se rió y dijo:
-Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no debe derrotarme.
Diamantes, perlas, esmeraldas... los tesoros iban vaciando. La escudilla parecía no tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente. Era el atardecer y la gente estaba reunida en silencio. El rey se tiró a los pies del mendigo y admitió su derrota.
Le dijo:
-Llena de dinero la escudilla de este hombre.
El servidor lo hizo... y el dinero desapareció. Echó más y más y apenas lo echaba desaparecía. La escuadrilla del mendigo siempre estaba vacía.
Todo el palacio se reunió. El rumor se corrió por toda la ciudad y una gran multitud se reunió allí. El prestigio del emperador estaba en juego. Les dijo a sus servidores
-Es un deseo muy simple. ¿Ves aquella escudilla? ¿Puedes llenarla con algo?
Por supuesto -dijo el emperador.
Llamó a uno de sus servidores y le dijo:
-Te daré cualquier cosa que pidas. Soy un emperador muy poderoso. ¿Qué puedes desear que yo no pueda darte?
El mendigo le dijo:
-Piénsalo dos veces antes de prometer.
El mendigo no era una mendigo cualquiera. Había sido el maestro del emperador en una vida pasada. Y en esta vida le había prometido: "Vendré y trataré de despertarte en tu próxima vida. En esta vida no lo has logrado, pero volveré..."
Insistió:
- ¿Me preguntas como si pudieras satisfacer mi deseo?
El rey se rió y dijo:
-Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo. ¿Qué es? Simplemente dímelo.
Y el mendigo dijo:
DESEOS
Un emperador estaba saliendo de su palacio para dar un paseo matutino cuando se encontró con un mendigo.
Le preguntó:
- ¿Qué quieres?
El mendigo se rió y dijo:
Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.