Al principio, el guardia creyó que la cola del tlacuache era un leño; pero cuando lo vio correr, empezó la persecución.
En este tiempo observó que, casi siempre, con las primeras horas de la madrugada, todos los guardianes se dormían. El séptimo día, aprovechando que sólo un soldado estaba despierto, se fue rodando hasta la hoguera. Al llegar, metió la cola y una llama flamante iluminó el campamento. Con el hocico tomó un pequeño tizón y se alejó rápidamente.
Por sorteo fueron saliendo uno a uno; pero, al ser sorprendidos por los vigilantes, murieron sin lograr su propósito. Sólo quedaba el tlacuache. Éste, decidido a ayudar a sus amigos, se acercó al campamento y se hizo bola. Así pasó 7 días sin moverse, hasta que los guardianes se acostumbraron a verlo.
Al estar en una cueva, el coyote, el venado, el armadillo, la iguana y el tlacuache tomaron la decisión de proporcionar a sus amigos tan valioso elemento.
Varios hombres hicieron el intento de robarse el fuego, pero murieron acribillados por las flechas de sus enemigos; otros cayeron prisioneros y fueron arrojados al fuego.
Para evitar que los huicholes pudieran robarles tan grandioso tesoro, organizaron un poderoso ejército y siempre mantenían guardianes de día y de noche.
Un día cayó un rayo y provocó el incendio de varios árboles. Los hombres vecinos de los huicholes, y enemigos de ellos, aprisionaron el fuego y no lo dejaron apagar. Para ello nombraron comisiones que se encargaron de cortar árboles para saciar su hambre, porque el fuego era insaciable devorador de plantas, animales y todo lo que se ponía a su alcance.
No sabían cultivar la tierra, no conocían ninguna industria. Sus habitaciones eran cuevas o simplemente en los huecos de los árboles o en sus ramas formaban sus hogares. Vivían tristes, muy tristes; pero había muchos animales que estudiaban la forma de hacerlos felices.
Las noches eran para ellos como terribles pesadillas y no había más que un solo deseo: que terminaran pronto para que el sol, con sus caricias bienhechoras, les diera el calor que tanto necesitaban.
Leyenda del fuego

Hace muchos años en el pueblo de los huicholes no tenían el fuego y, por ello, su vida era muy triste y dura. En las noches de invierno, cuando el frío descargaba sus rigores en todos los confines de la sierra, hombres y mujeres, niños y ancianos, padecían mucho.
Ya nos explicará Qnk dónde se puede encontrar este puente desde donde despedía a su amiga Palmi. Un beso Qnk
Hola Milagros, te explico donde está este puente. Lo podemos encontrar en el pueblo de Palomera a unos 10 km. de Cuenca.
Ahi pase muchos días en compañia de mi buena amiga Palmira, que hace unos años yá nos abandono, era el pueblo de sus padres y como comprenderás a las fiestas no fallabamos, jejejej.
Saludos ya fresquitos.
No hay forma de saber quién/quienes gestionan este FORO.... por qué?. Es una bonita tarea y muy útil para comunicarse. No hay razón para esconderse en el anonimato. De padre y madre "almarcheños", me intereso sinceramente por los progresos que hace "el lugar". No debiera ser unicamente un "asilo de ancianos".
Queridos míos, de un tiempo a esta parte ya nadie llama a comer a nadie, así que como no espero que nadie me llame, me voy yo sola. No a comer, pero sí a preparar para comer que si no, luego me coge el toro. (que no se enteren los animalistas que si no, nos llevan a los dos, al toro y a mí abriéndole paso.... Jijijij)
La verdad es que sí, que estaban ricas, las condenás! " ¡Pá comete toas d´una asentá!
Jajajajajaja..., ¡anda qué... a algunas, sólo nos haría falta éso, qué nos dieran volumen de ese...!