Mas tarde, los condujo con la ayuda de sus amigos hasta el palacio de Euristeo.
Heracles se embarcó a Tracia con un grupo de amigos.
HERACLES Y LOS CABALLOS DE DIOMEDES
Euristeo, le encargó otra difícil tarea a Heracles. Esta vez debía traerle los caballos de Diomedes.
Hércules emprendió el camino de regreso llevando consigo los rebaños de Gerión. El camino fue fatigoso y perdió algunos bueyes.
HERACLES Y LOS BUEYES DE GERIÓN
Décimo trabajo de Hércules. Esta vez debía buscar al gigante Gerión, darle muerte y robarle sus ganados. Gerión era un gigante de tres cuerpos unidos por el vientre. Tenía al cuidado de su gran rebaño a un perro de dos cabezas hermano del Can Cerbero, el guardián de los infiernos. Cuando llegó le salió al encuentro el perro de dos cabezas al que Hércules abatió a mazazos. Después salió el gigante Gerión al que Hércules abatió con certeros flechazos.
Heracles le quitó el cinturón y pudo volver ante Euristeo con el encargo cumplido.
Rea, la esposa de Zeus, que siempre estaba atenta tratando de perjudicar a Heracles por ser hijo ilegítimo de su marido, se disfrazó de amazona y comenzó a sembrar sospechas entre las amazonas diciéndoles:
Hipólita le respondió:
-Yo misma te lo obsequiaré con mis respetos para el rey.
El rey Euristeo me encargó que le lleve tu cinturón, ya que su hija Admeta, desea tenerlo.
Al llegar, Heracles pudo comprobar que las amazonas conformaban un pueblo de guerreras. Todas ellas sabían combatir a caballo y eran diestras en el uso de las armas.
Lo más difícil era encontrarlo, ya que la temible bestia se escondía muy bien, y sólo salía de su escondite para sembrar el pánico entre los habitantes de Arcadia.
El animal, sintiendo que estaba dominado se tranquilizó y lo siguió como un manso cachorrito.
Hércules, se cubrió con la piel del león de Nemea que hacía las veces de escudo protector, luego tomó al can por el cuello de donde confluían las tres cabezas y aunque el perro logró morderlo con sus afilados colmillos, Hércules lo apretó con tal fuerza que casi lo asfixia.
Hades le respondió: Puedes llevarte a Cerbero a plena luz del día. Pero con una sola condición. No debes usar armas contra él.
Hércules, entonces descendió en compañía de Hermes al abismo de los muertos.
Llego hasta el mismo trono de Hades, el dios de las tinieblas y le explicó el motivo de su visita.