El gigante no se dio cuenta del engaño y cargó nuevamente sobre sus espaldas todo el peso de la bóveda celeste.
Heracles, tomó las manzanas de oro y salió corriendo hasta llegar ante Euristeo.
-Me parece bien -dijo-, pero antes, permíteme buscar algo que sirva de almohadilla y me acomode el cabello para que amortigüe el peso de tanta carga. Sostenme unos minutos el cielo hasta que resuelva este problema.
Atlas aceptó porque ya estaba cansado de tener tanto peso sobre sus hombros. Entró al jardín y arrancó los frutos dorados, pero al regresar le dijo a Heracles que quería ir en persona a entregar el preciado botín a Euristeo.
Heracles tuvo que pensar rápidamente una respuesta
Heracles conocía bien la existencia del temible dragón Ladón. Entonces le propuso al gigante que si iba en busca de las manzanas de oro, él sostendría el firmamento en su lugar.
Para llegar, Heracles tuvo que atravesar África. Caminó y caminó hasta llegar al punto más alejado del mundo occidental y allí vio las puertas del jardín.
También vio a Atlas, un gigante enorme que en su destierro fue obligado a cargar sobre sus espaldas el peso de la bóveda celeste.
Heracles palabra. Heracles lo encadenó y Nereo que era un dios, se transformó en león, luego en serpiente y más tarde en llamas. Pero Heracles se mantuvo firme sin asustarse y Nereo finalmente confesó el sitio secreto del famoso jardín.
Primero Heracles fue a visitar unas Ninfas para que lo orientaran, pero las Ninfas le dijeron que tenía que buscar al dios Nereo, ya que era el único que conocía la ubicación precisa.
El recorrido que hizo Heracles para llegar al misterioso jardín es muy complicado ya que nadie conocía bien su ubicación.
HERACLES EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES
Euristeo, esta vez le encargó a Heracles que le trajera las manzanas de oro, que la diosa Gea le había regalado a Hera como regalo de casamiento y, que Hera, había plantado en un jardín lejano de occidente custodiado por las Ninfas de la tarde, conocidas como Hespérides y un dragón de cien cabezas llamado Ladón.
El hijo del rey y Signy vivieron felices durante muchos años.
El rey estuvo de acuerdo y ordenó sin demora que se preparara una gran celebración de boda, a la que fueron invitados todos los habitantes del reino.
Los festejos duraron una semana completa y todos elogiaron al rey por los hermosos regalos que entregó a la joven pareja.
La muchacha volvió a la cabaña y después regresó al palacio con Hlini. El rey recibió a su hijo con gran alegría y le pidió que se sentara junto a él, en el sitio de honor.
Hlini quiso que Signy lo acompañara y le explicó a su padre todo lo sucedido durante su ausencia. Luego le pidió al rey su consentimiento para tomar a Signy como esposa.
A la mañana siguiente, bien temprano, Signy se encaminó al palacio real y una vez allí le preguntó al rey cuál sería su recompensa si le llevaba a su hijo sano y salvo. El rey le respondió que no creía que fuera capaz de conseguirlo, pero que si lo lograba la recompensaría, tal como había prometido.
Cuando llegaron a la cabaña fueron muy bien recibidos por los padres de la muchacha y se quedaron a pasar la noche.
Viaja, viaja, cama mía,
viaja hacia la cabaña de Signy.