La CODORNIZ, Nº 1640
¡POR FAVOR!

La Codorniz, nº 1647, -Déjala
La Codorniz, nº 1643. NO SE ALARMEN
Codorniz rellena de foie
Barrabás, nº 63
Barrabás, nº 98
Ruta nº 7. c. Las Olivas
“La Codorniz”, la revista más audaz para el lector más inteligente

“La Codorniz” ha sido sin duda la mejor revista de humor gráfico en la España del siglo XX. El cultivo de un humor abstracto, surrealista e intemporal la llevó a convertirse en toda una institución. No hay más que recordar su eslogan siempre hecho realidad: “La revista más audaz para el lector más inteligente”.

Publicada entre 1941 y 1978, tuvo muchos problemas con la censura de la época, incluidas numerosas multas, apercibimientos y hasta suspensiones. Tan fuerte era su atractivo que la devoción de sus lectores la hizo protagonista de artículos y portadas que nunca publicó y que fueron tan famosos como si hubiesen sido propios. Fueron tan sonadas sus “leyendas urbanas”, en especial las que hacen mención a sus portadas, que casi todos afirmamos haberlas visto sin ser cierto. Había incluso quien llegaba a decir que tenía un ejemplar de la revista, nunca publicada, haciendo correr el bulo de que había sido censurada y retirada de los quioscos por orden gubernamental. A pesar de que Álvaro de Laiglesia, director de su etapa más gloriosa, lo dejó escrito en su último libro, la leyenda aún persiste y se puede decir que se ha vuelto incombustible.

Quizás la más famosa fue la portada del “túnel”. El “boca a boca” hizo circular la noticia de que “La Codorniz” había editado un número en cuya portada se veía una locomotora a punto de entrar en un túnel, todo en negro, continuaba con las páginas interiores también en negro a semejanza de la oscuridad dentro del túnel, y terminaba con una contraportada en la que se veía al tren saliendo ya del túnel. La realidad es que ese número nunca salió, aunque muchos afirmen lo contrario.

portada en la que se hizo correr el rumor de que había sido retirada de la venta fue la de “El Fresco de Galicia” en referencia al general Franco, entonces Jefe del Estado. Se comentaba que hacía alusión a un parte meteorológico en el que se informaba: “reina un fresco general procedente de Galicia”.

También fue muy célebre la de “El huevo de Colón”, nunca vista pero siempre en la imaginación de todos. Se decía que presentaba a toda página un gran huevo de gallina con el siguiente rótulo: “El huevo de Colón”, y más abajo, en letra pequeña: “la semana que viene publicaremos el otro”.

Otro caso de atribución imaginativa fue la portada de “Se la tirará”. Un chiste que muchos juran haber visto, con un novio abrazando apasionadamente a su pareja, un árbol con un pájaro y un niño con una piedra en la mano a punto de arrojarla al pájaro, y el siguiente pie de chiste: “ ¿Se la tirará o no se la tirará?”. Jamás existió.

Pero de todas las que podíamos llamar “portadas-bulo” quizás la más recordada fue la de “Bombín es a bombón, como cojín es a equis. Y nos importan tres equis que nos cierren la edición”. A tal punto tuvo fuerza este camelo que dejaba en pésimo lugar a los que afirmaban poseer el número en cuestión, que “La Golondriz”, una revista creada posteriormente por antiguos colaboradores de “La Codorniz”, la publicó por primera vez en 1991. Pero nunca en “La Codorniz” y si en “La Golondriz”.
(26 de Agosto de 1973) ... (ver texto completo)
“Siempre ha sido una tentación creer que la Iglesia solo se forma con la gente pura, perfecta y santa. No. La Iglesia abraza a todos: santos y pecadores. Es santa en su cabeza, Cristo resucitado, y en sus miembros más insignes: María y los santos. Es santa porque a través de su humanidad el Espíritu sigue actuando en el mundo, ofreciéndonos la luz de la Palabra y la fuerza de los sacramentos. Pero esa santidad que viene de Dios es para que la vivamos hombres y mujeres imperfectos”, concluyó, completando ... (ver texto completo)
Tomada de los hermanos protestantes, la fórmula que los católicos adoptamos en el Concilio Vaticano II, relata monseñor Buenanueva, es “la Iglesia está siempre en reforma”, porque “sus miembros somos imperfectos y el Evangelio siempre nos queda grande. Parafraseando al Papa Francisco: somos un pueblo de pecadores amados y perdonados”, añadió.
“Todo lo que en la comunidad cristiana es visible (palabras y gestos, culto y normas, personas e instituciones, carismas y ministerios) está al servicio de la invisible: el Espíritu que santifica a la familia de Cristo”, insistió, y destacó que “el rostro humano de la Iglesia, con todos sus límites, está llamado a ser expresión de la misericordia de Dios manifestada en Jesucristo”.
“Donde Dios hace oír su Palabra, allí el Espíritu reúne una comunidad unida por la fe”, sostuvo el obispo, y afirmó que, para los cristianos, “esto acontece en torno a la persona de Jesús. Él es la Palabra que escuchamos cuando leemos las Escrituras. Es su Espíritu el que nos une en comunión fraterna, rescatándonos de la soledad y el aislamiento”.
“Creemos en Dios que ha creado la Iglesia como la reunión de todos los que creen. Esa es también una de las definiciones más bellas de la Iglesia: ‘congregatio fidelium’ (la reunión de todos los que escuchan, acogen y creen en la Palabra). Así, la Iglesia entra en el campo de la fe como obra de Dios para nosotros”, continuó.
Monseñor Buenanueva recordó que “la fe cristiana es mucho más que aceptar la existencia de Dios. Es reconocer que Él nos ha dirigido su Palabra, pues ha querido comunicarse con nosotros. Dios se ha hecho oír, convocando a un pueblo y confiándole la misión de ser signo visible de su amor por toda la humanidad”. En ese sentido, explicó que “la palabra ‘Iglesia’ quiere decir precisamente eso: convocación, llamada y reunión de hombres y mujeres para escuchar la Palabra de Dios, recibir su Espíritu y ... (ver texto completo)
“La conclusión, a la que muchos arriban, parece clara: Dios sí, Iglesia no. Hoy muchos creen en Dios sin sentir la necesidad de pertenecer a la Iglesia. Creer sin pertenecer”, explicó, y aclaró, en primer lugar, que “los cristianos no creemos en la Iglesia de la misma manera en que creemos en Dios”, sino que en realidad, “el acto de fe solo se puede realizar de cara a Dios. Solo Él, Verdad que no miente, es digno de fe. Solo a Él podemos decirle ‘amén’ con todo nuestro ser”.
Como ejemplo, tomó lo vivido en la visita del papa Francisco a Chile: “La Iglesia católica tiene hoy un bajo nivel de confianza en ese país”, advirtió, y lo atribuyó a diversas razones: desde “profundos cambios culturales (más espíritu crítico y distancia de las instituciones) hasta el drama de los abusos sexuales del clero”. Argentina, aún con diferencias, vive procesos parecidos, reconoció el prelado.
“ ¿Se puede seguir todavía creyendo en la Iglesia? ¿Cómo se puede calificar de ‘santa’ a una institución que carga con el peso de tantas miserias?”, se preguntó esta semana el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, al reflexionar sobre la frase del Credo que afirma la fe en “la santa Iglesia católica”.
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¿Se puede seguir todavía creyendo en la Iglesia?
¿Se puede seguir todavía creyendo en la Iglesia? ¿Cómo se puede calificar de santa a una institución que carga con el peso de tantas miserias?, preguntó el obispo

Por: Mons. Sergio Osvaldo Buenanueva | Fuente: AICA. org

En una nueva columna para el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre la última parte del Credo, que ... (ver texto completo)
Busquemos encontrarnos con el Señor que está vivo y que espera por nosotros. La oración es ese “sí” al diálogo con Aquél que nos ama y que busca dar consuelo en medio de las tempestades de nuestra vida y hacernos vivir unidos sólo a Él.
Este “sí” a Dios debe ser una tarea de todos los días, puesto que sólo así nos mantendremos firmes y unidos con Él. De esta manera sentiremos el consuelo de su amor y su compañía. Dios no se cansa de nosotros, no pierde la paciencia ni se enoja cada que nosotros no le hacemos caso, al contrario, Él sale a nuestro encuentro, da el primer paso para demostrarnos que su fidelidad es eterna.
Pero este compromiso no lo podremos cumplir por nuestras propias fuerzas, sino que es Dios mismo quien nos ayuda por medio de su Hijo Jesucristo. Así lo afirma el emérito Papa Benedicto XVI: En nuestra oración estamos llamados a decir “sí” a Dios, a responder con este “amén” de la adhesión, de la fidelidad a Él a lo largo de toda nuestra vida. Esta fidelidad nunca la podemos conquistar con nuestras fuerzas; no es únicamente fruto de nuestro esfuerzo diario; proviene de Dios y está fundada en el “sí” ... (ver texto completo)
Por lo tanto, cada vez que decimos “amén” debemos darnos cuenta de lo que decimos. Al repetirla hacemos un compromiso con Dios, pues le reafirmamos nuestro “sí”, confírmanos que creemos en Él, en su palabra y, por lo tanto, que queremos ser siempre fieles aún a pesar de nuestras dificultades.