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La esquina de piedra de silleria
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la procesión en la noche
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Bueno sr. Abilio deme el Heraldo de Aragón para no perder la identidad personal, un día contare los años que llevo comprando este periódico que mi padre compraba y yo sigo comprándolo.

Tio Salustio: vámonos don Pipo, y muchas gracias por la charla que hemos tenido de buena mañana sr, Abilio, pues hasta otro día y que tenga usted, buena venta de periódicos.
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El Santisimo Sacramento por las calles de Belmonte de Cuenca
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Don Quijano se miraba al espejo que tenia delante y Luciano el babero le puso un babero para que no le cayesen pelos en el gabán que llevaba a estrenar, pues después de arreglada la barba y el bigote se levanto del asiento don Alonso Quijano y el barbero le limpio la espalda con un cepillo y no pago porque tenía iguala. (pago o ajuste que se hace por año)

Después se entretuvo a charlar con los parroquianos que había en la baberia y todos estaban con la boca abierta haber que les ... (ver texto completo)
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retablo del altar mayor de la colegiata de Belmonte
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Un instrumento de música
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Una entrada sin puerta
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Un edifici bien conservado
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una puerta y dos ventanas
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Un mueble torneado
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Vista de Belmonte y sus monumentos
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Las setas de chopo
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Don Pipo: buenos días sr, Abilio dame usted el Heraldo de Aragón por ver que noticias trae hoy, enseguida se lo doy sr. Pipo, estoy desembalándolo porque hoy ha venido con retraso, hace unos minutos que lo han traído

Hoy no viene su amigo: pues estará al llegar tio Salustio él cada día me espera en la esquina que hay al lado de su casa y desde allí nos vamos al supermercado a tomarnos el cortadito como de costumbre.
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Don Alonso Quijano después del sobrio desayuno se fue al cuartucho, y empezó a hojear libros, pero ninguno se ajustaba a lo que el quería hacer cuando saliese otra vez por los caminos de la Mancha, en los libros que hojeaba quería ver algún molino pero le fue imposible porque ninguno de aquellos libros hablaba de los molinos.

Y se dijo me voy a dar una vuelta porque hoy no me centro, y salió de la casa y fue a la bebería donde encontró a los tertulianos de siempre, y aunque llegó ... (ver texto completo)