Y si en todos es esto, en la gente de aquel
pueblo de quien hablamos tiene más fuerza y razón por su natural y no creíble flaqueza, y, como divinamente dijo
San Pablo por su infinita niñez. La cual demandaba que, como el ayo al muchacho pequeño le induce con golosinas a que aprenda el saber, así Dios a aquellos los levantase a la creencia y al deseo del
cielo, ofreciéndoles y prometiéndoles, al parecer, bienes de la tierra.