Y así digo ahora que, no porque algunos toman ocasión de pecar, conviene a la sabiduría de Dios mudar (o en el lenguaje con que nos habla, o en el orden con que nos gobierna, o en la disposición de las cosas que cría), lo que es en sí conveniente y bueno para la naturaleza en común. Bien sabéis que unos salen a hacer mal con la luz y que a otros la noche con sus tinieblas los convida a pecar; porque, ni el corsario correría a la presa si el sol no amaneciese, ni si no se pusiese, el adúltero macularía el lecho de su vecino. El mismo entendimiento y agudeza de ingenio de que Dios nos dotó, si atendemos a los muchos que usan mal de él, no nos lo diera, y dejara al hombre no hombre.