A partir de hoy comienza el invierno en Aldea. Hace frío y las hojas agostadas silban en los árboles. Las calles se despejan y se interrumpe la cortadura de trajes. Un silencio de cementerio se asienta por todas las calles. En las chimeneas de las casas añejas se aprecian trenzas de humo. En los corrales cacarean las gallinas, y se percibe el ladrido de los perros por los caminos crepusculares. El agua de la piscina se vuelve verde de soledad, ya sin una sombra que la cobije (¡Qué lástima y qué desatino ... (ver texto completo)