Paul, Paulo, Pablo... Eres el ojo de la tierra de Aldea del Rey. Por el objetivo de tu cámara, siempre terciada en tu torso velludo, han desfilado casi cuarenta años de historia e imágenes de Aldea. Y si querías rescatar escenas del pasado, te agenciabas un borrico y los oxidados cangilones de una noria y dabas muy bien el pego con tus clichés. Esas manos de tierra sosteniendo patatas sanmigueleñas; esas procesiones; esas ferias de orzas de berenjenas; esas estampas solitarias del casco urbano; esos ... (ver texto completo)