Yendo por las
calles de esta ciudad bendita, me imagino en-contrarme con el abrazo de tus brazos y el beso de tus labios al doblar cada
esquina. Escuchas cómo la
catedral esparce al viento el airoso metal de sus
campanas, y el mismo me dice que ésta es la ciudad donde vives.
Paso ahora por esta plazuela sombreada por esbeltos
árboles del
cielo. En este banco tus sueños han reposado, y el surtidor de esta
fuente ha sido acariciado por la emoción de tu mirada. Hasta los pájaros me susurran al oído
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