Te he visto, noche suspirada, descender desde lo alto de esa nube de Italia. He oído tu pálpito al deslizarte entre las ramas de invierno. Me has traído junto a tu corazón.
¡Oh noche, que engendraste mi sueño de amor! ¿No hay amor humano que pueda saciar tanta hambre de sentimientos, tanto anhelo de grandeza? No hay alas de águila ni fauces de león. No oirás de mis labios el canto del cisne; antes bien escucharás el estridular de un grillo.
En ti ansío mi refugio, noche blanca de luna.
Y caminando ... (ver texto completo)
¡Oh noche, que engendraste mi sueño de amor! ¿No hay amor humano que pueda saciar tanta hambre de sentimientos, tanto anhelo de grandeza? No hay alas de águila ni fauces de león. No oirás de mis labios el canto del cisne; antes bien escucharás el estridular de un grillo.
En ti ansío mi refugio, noche blanca de luna.
Y caminando ... (ver texto completo)