Jardinero, Riñegatas, como todos le decimos, se llama Emilio.
Por cierto, fue mi peluqero en la época en la que tenía trabajaba en la
calle Santo, más o menos por donde hoy está el
Bar Quijote o la
tienda de la Julia.
Recuerdo cómo tenía su estufa de butano encendida en los días de frío.
Como hacía tiempo que no lo veía, pregunté por él y me dijeron que se fue con una sobrina a
Barcelona. Me llamó la atención hace unos días que, con lo cuidadoso que él es, tenía la acera que da a la calle
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