¡Vaya, vaya, vaya! He de confesar que nunca hubiera imaginado, aun con lo creyente que soy, que alguna vez me pudieran endilgar vínculos con la prelatura fundada por Escrivá de Balaguer. Estoy seguro de que en la misma no tardarían en mandarme a
paseo por la
vía rápida.
Hace varios años, en el transcurso de unas vacaciones en los pirineos aragoneses, busqué la ocasión para acercarme al
santuario de Torreciudad, centro neurálgico de la Obra. Los parajes de los alrededores son de una belleza idílica,
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