Pues tendrías que ver a Pablo como ha vuelto del parque de Gulliver, llegó rendido y quejándose del abuelo, pidiendo le pusiera hielo, por más que le dije en que sitio le dolía, no había forma, al final empezó a señalarse su cuerpo y pobrecito, era toooodo enterito, decía una y otra vez, el abuelo me ha bajado desde todo lo alto del tobogán, ponme hielo por favor, ay el abuelo, menuda excusa se ha buscado para deslizarse por los toboganes de Gulliver, cansa a cualquier niño.
Al final mi tocayo va a ser más niño que el pequeño Pablo…