Brazatortas me huele a pan moreno, ese tan diferente del candeal al que yo estaba habituado; a alpechín de la almazara de la calle Amargura, a la que mi abuelo Vicente me llevaba de su mano; a cagarrutas de borrega, que madrugadoras cruzaban la calle Las Flores, haciendo sonar sus tranquilizadores esquilas, hacia el campo; a asadillo que hacía mi abuela; a pólvora, en El Cristo; a cantuesos y hierba fresca en Navalcaballo. Me huele, de forma intensa y única, a las pellicas de cabra que se acumulaban ... (ver texto completo)