Camino de
la Calera nos encontramos con los viejos muros del antiguo
lavadero. Esta construcción, de recios paredes, cual si
castillo fuera, merece un mejor trato por los que durante muchos años nos servimos de ella.
Ya no están las losas, que en ambas orillas de la lancha de
agua permitían a nuestras madres y abuelas enjabonar y frotar nuestras ropas, tampoco está el largo bañal. Ya no están las
ventanas acristaladas que resguardaban a las hacendosas lavanderas de los frios del
Invierno, ni el
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